HOMILIA DE LA TOMA DE POSESIÓN DE MONS. JOSE LUIS ESCOBAR
COMO ARZOBISPO DE SAN SALVADOR
Sábado 14 de febrero de 2009
Eminentísimo y Reverendísimo Mons. Rodolfo Cardenal Quezada Toruño, Arzobispo de Guatemala
Eminentísimo y Reverendísimo Mons. Oscar Cardenal Rodríguez Maradiaga, Arzobispo de Tegucigalpa
Excelentísimo y Rvdmo. Sr. Nuncio Apostólico de Su Santidad, Mons. Luigi Pezzuto
Excmo. y Revdmo. Mons. Fernando Sáenz Lacalle, Arzobispo Emérito de San Salvador
Excmos. y Rvdmos. Señores Obispos de Centro América y México, que nos visitan.
Excmos. y Rvdmos. Señores Obispos de la Conferencia Episcopal de El Salvador
Excmo. y Rvdmo. Mons. Gregorio Rosa Chávez, Obispo Auxiliar de San Salvador
Excmo. Sr. Presidente de la República, Don Elías Antonio Saca
Excma. Primera Dama de la República, Doña Ligia de Saca
Excma. Sra. Vicepresidenta de la República, Doña Vilma de Escobar
Excmo. Sr. Presidente de la Honorable Asamblea Legislativa
Excmo. Sr. Presidente de la Honorable Corte de Justicia
Ilustrísimos Monseñores
Reverendos Sacerdotes
Queridos Seminaristas
Hermanos Religiosos y Hermanas Religiosas
Ilma. Sra. Alcaldesa de San Salvador, Dra. Violeta Menjívar
Excmos. Señores Ministros de Gobierno
Honorables Señores Diputados
Honorables Miembros del Cuerpo Diplomático acreditado en nuestro país
Sr. Procurador de los Derechos Humanos de la República
Sr. Gobernador Político Departamental de San Salvador
Honorable Sres. Alcaldes Municipales de los Departamentos de San
Salvador, La Libertad, Cuscatlán y de otros Departamentos de nuestro
país.
Honorables Autoridades Civiles y Militares
Señores de la Prensa
Amadísimos Hermanos y Hermanas en Cristo Jesús:
Todos los aquí presentes y los que por medio de la radio o la televisión, también están con nosotros
Agradezco profundamente a Dios el que haya puesto sus ojos en este
servidor para colaborar en la dirección de esta su Iglesia
Particular, que peregrina en San Salvador. Agradezco la confianza de Su
Santidad Benedicto XVI, al elegirme para esta misión. Agradezco
también a todos ustedes sus muestras de afecto, estima, aprecio y su
bondadosa presencia en esta ceremonia de toma de posesión.
Deseo expresar mi profundo agradecimiento a todas las personas que han
colaborado en mi formación. En primer lugar, a mi amadísima familia,
por su gran apoyo, por su fe y por todos su valores. A Suchitoto, la
tierra y las personas que me vieron nacer y crecer. A San Vicente, a
su Seminario Menor, a los Sres. Obispos, al Clero y todas las personas
de la diócesis de San Vicente, a las que tanto aprecio, estimo y
respeto. Al Seminario Central San José de la Montaña. Al Seminario
Mayor de Morelia, en México, a la tan querida Arquidiócesis de Morelia,
hoy tan dignamente representada por su Obispo Auxiliar, Su Excelencia
Reverendísima Mons. Carlos Suárez y el muy Revdo. Padre José Maciel
Ramos, el primero fue Rector y Maestro de este servidor en el Seminario
de Morelia y el segundo, también maestro y Director Espiritual. Muchas
gracias por todo y por acompañarnos. A la Universidad Pontificia
Gregoriana de Roma, de los Revdos. Padres Jesuitas, gracias a ello
obtuve la Licencia en Filosofía.
Agradezco la labor pastoral de los nueve Obispos que me han precedido, heredándonos su hermosa labor pastoral.
Mons. José Jorge Viteri y Ungo, el Obispo con quien se fundó la nueva
diócesis de El Salvador, en el año 1843, admirable por su brillante
inteligencia y su natural diplomacia, valiente defensor de esta
Iglesia Particular, todavía insipiente en ese momento. Mons. Tomás
Miguel Pineda y Saldaña, el Obispo celoso y valiente quien defendió la
fe sin escatimar peligros y sacrificios, pese a la persecución que tuvo
que sufrir. Mons. José Luis Cárcamo y Rodríguez, el Obispo espiritual
devotísimo del Señor San José y también valiente defensor de la fe y la
justicia. Mons. Adolfo Pérez y Aguilar, último Obispo y primer
Arzobispo de San Salvador, el Obispo Santo y sabio, con su palabra
siempre amable, prudente e iluminadora, quien por mucho tiempo guió
esta porción del pueblo de Dios. Mons. Alfonso Belloso y Sánchez, el
Obispo científico, matemático y físico; pero sobretodo gran teólogo que
supo apacentar a su rebaño. Mons. Luis Chávez y González el Obispo
bondadoso y de gran santidad, sabio y prudente, quien impulsó la
pastoral de su Arquidiócesis a la luz del Concilio Vaticano II. Mons.
Oscar Arnulfo Romero, el Obispo mártir, quien tuvo la dicha de unir su
sangre a la de Cristo en la celebración de la santa Eucaristía,
sellando de esta manera el hermoso ejemplo de santidad de toda su
vida. Mons. Arturo Rivera y Damas, el Obispo sereno y profundo; sabio
y humilde, el gran conciliador. Mons. Fernando Sáenz Lacalle el
Arzobispo de profunda espiritualidad, siempre sereno y firme en el buen
obrar. Mi especial agradecimiento para él, y mi público reconocimiento
por la su inmensa labor pastoral.
Vaya para todos ellos nuestro gratísimo reconocimiento y admiración.
Encomiendo a Dios, por intercesión de todos ellos, quienes sin duda
alguna están con Él, nuestra querida Arquidiócesis y la misión pastoral
de este servidor. De modo especial invoco la intercesión de Mons.
Romero, quien desde el cielo nos ve, acompaña y bendice.
Expreso también una palabra de reconocimiento sincero y agradecido a
todos los sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos que desde la
colonia, han gastado sus vidas a favor de la fe de este pueblo, que
dichosamente lleva el nombre del Divino Salvador. Y mi reconocimiento
fraternal y afectuoso a los Sacerdotes, Religiosos y Religiosas que en
este momento están llevando adelante las distintas actividades
pastorales. Dios sabrá recompensar con creces todo este accionar a
favor de la fe y la promoción de las personas. Les felicito a todos
ellos y les animo a seguir adelante; esperando de Dios la recompensa.
Quiero agradecer y animar todas las obras apostólicas que nuestros
hermanos laicos realizan, de acuerdo con los sacerdotes; animo a todos
los movimientos, asociaciones y comunidades de esta querida
Arquidiócesis.
Pido a Dios me conceda la gracia de poder servir con fidelidad, con
verdad y bondad, a imitación de Cristo, en este hermoso apostolado que
el Señor Jesús mismo me encomienda hoy, mandándome ‘Apacienta mis
ovejas’. Cristo es el Buen Pastor. Antes de esta Eucaristía, he pedido
al Señor Jesús, presente en el Santísimo Sacramento, sea Él quien nos
pastoree, sea Él quien nos dirija a todos y conceda a este servidor ser
su fiel colaborador en tan sublime obra.
En la parte principal de mi Escudo Episcopal he colocado un Cáliz y la
Hostia, para simbolizar el misterio Eucarístico. Deseo vivamente que en
mi ministerio episcopal el Santísimo Sacramento sea más conocido y más
amado. También he colocado a los pies del Santísimo a María Inmaculada,
porque es a María a quien encomiendo mi labor pastoral; y, además he
colocado una escena de un pobre indigente que sufre tirado en el
camino, mientras su pequeña hija implora una limosna a las personas.
Con esta última escena quiero invitar a todos a tomar conciencia de la
necesidad urgente de ayudar a nuestros hermanos más pobres de una
manera efectiva y afectiva, porque somos hermanos. Es que si nuestra fe
es auténtica, si verdaderamente estamos unidos a Cristo, porque
comulgamos su Cuerpo y su Sangre dignamente, entonces necesariamente
debemos obrar el bien; y debemos ser sensibles a las necesidades de
nuestros hermanos.
Gracias a Dios en este país todos somos cristianos, por lo que no debe
tener lugar entre nosotros la violencia fraticida que lamentablemente
todavía hoy se presenta como un misterioso monstruo macabro
incontrolable. Por el contrario, si todos somos cristianos, todos somos
hermanos, todos somos una gran familia. Por eso no podemos ser
indiferentes ante nuestros hermanos que sufran el hambre y la
desnudez, mientras podamos compartir con ellos lo que tenemos, porque
Dios nos lo ha dado. Jesús vive en el pobre y auxiliándolo es a Jesús
a quien ayudamos. La presencia maternal y amorosa de María Santísima en
medio de nosotros, es una constante invitación a la verdadera
fraternidad.
Por tanto, el amor a Jesús en el Santísimo Sacramento, el amor a María
y el amor a los pobres, quieren ser los grandes ejes basilares en toda
nuestra pastoral. Pastoral que debe establecerse en el contexto del
nuevo milenio, dando respuesta a los grandes desafíos de nuestro
tiempo. Pastoral que debemos impulsar en el espíritu de Aparecida,
cumpliendo el gran compromiso asumido en Brasil, en la V Conferencia
del Episcopado Latinoamericano, el llevar adelante la gran Misión
Permanente Continental. Con la conciencia de ser discípulos y
misioneros de Cristo. Estamos viviendo un tiempo de crisis, cada vez
más preocupante, los cristianos debemos dar una respuesta de fe. Es
necesario que intensifiquemos nuestra fe. Y desde la fe, como
cristianos, dar nuestro mejor aporte a la sociedad en que vivimos,
cultivando cada vez más los valores evangélicos. Es por la oración
hecha con fe que el hombre se vuelve omnipotente, o mejor es, en la
unión con Dios cómo el cristiano es capaz de todo. Por eso nos dice el
apóstol de las gentes: “Todo lo puedo en Aquel que me conforta”. Que
gran verdad es esa. Les invito, amadísimos hermanos, a que fijemos
nuestra mirada en Cristo y en Él vayamos adelante, seguros que nuestros
esfuerzos fructificarán al ciento por uno en la construcción de un El
Salvador nuevo, más justo, más pacífico, más fraterno y caritativo. En
este contexto y con la confianza puesta en Dios e interpretando su
voluntad, y haciendo eco a la Doctrina Social de la Iglesia, y a los
mensajes de nuestra Conferencia Episcopal Salvadoreña, de la manera
más respetuosa me permito hacer un vehemente llamado al actual
honorable Gobierno de nuestra República y al próximo gobierno que
asumirá el poder el 1º. de junio, sea del Partido que sea, a no
permitir que se exploten las minas de metales preciosos (oro y plata)
en nuestro país, por el gravísimo daño que causaría a la salud de las
personas, de los animales y las plantas, contaminando poco a poco, de
modo expansivo y permanente, todos nuestros mantos acuíferos con
cianuro. Somos un país muy pequeño y muy poblado, que tanto ha sufrido,
y no es posible que también tengamos que sufrir de esta manera. Si hoy
no estamos en la capacidad de explotar nuestras minas de oro y plata
para provecho nuestro y de forma limpia, sin contaminar al medio
ambiente; nuestras próximas generaciones lo estarán, es justo y
conveniente que se reserven nuestras minas para entonces.
Quiero agradecer al Gobierno la construcción de MEGATEC de Ilobasco, el
cual es un anexo de la Universidad Católica de El Salvador (UNICAES),
obra que será de un inmenso beneficio para el desarrollo de toda la
zona paracentral de nuestro país. Felicito todas las obras buenas.
Animo al presente Gobierno y a los Gobiernos futuros,
independientemente del Partido que sean, a que trabajen incansablemente
por el bien de todos, promoviendo la justicia social, combatiendo
efectivamente la pobreza. Estableciendo y desarrollando un verdadero
Plan de Nación, que garantice el constante desarrollo de nuestro país.
Quiero ofrecer a todos, mi mano extendida, mi afecto fraterno y mi
servicio generoso; a los que viven con nosotros, como también a
nuestros hermanos que han tenido que emigrar a Estados Unidos o a otro
país. De un modo especial me propongo atender y servir a los
sacerdotes; para con ellos trabajar hombro a hombro, en favor de
todos, sin excepciones, y, si alguna preferencia debemos tener, será a
favor de los enfermos y de los más pobres.
Invoco al Divino Salvador del Mundo por intercesión de nuestra Señora
del Rosario, patrona de esta Arquidiócesis que nos bendiga a todos.